Comprenderse transforma,
y cambia, para bien, el destino de una vida.
Coaching en nutrición moderna.
Más que alimentación.
Respeto por la biología humana y por el organismo único de cada persona.

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Una pregunta para hacerte a partir de hoy
Siempre que se trate de comida real, una pregunta mucho más precisa al momento de elegir alimentos es: ¿es adecuado para mí?
Si bien nuestra biología nos permite obtener nutrientes de una amplia variedad de fuentes, como vegetales, frutas, proteínas, grasas saludables y otros alimentos reales, esto no significa que todo sea adecuado o conveniente comerlo.
Más allá de que un mismo alimento no funciona de la misma manera para todos y de que algunas personas son más sensibles que otras, hay que saber que ciertos alimentos contienen compuestos naturales que pueden provocar manifestaciones físicas o mentales e incluso contribuir al desarrollo de enfermedades en determinadas personas.
Prestar atención a esto y aprender a observar esas respuestas o manifestaciones puede ayudarte, tanto a ti como a tu familia, no solo a elegir y sostener aquello que de verdad es mejor para el organismo de cada uno, sino también a prevenir molestias físicas, reducir ciertos riesgos para la salud y, sobre todo, potenciar el bienestar del que naturalmente puede gozar el ser humano.
Cómo aprender a elegir los alimentos
Tu cuerpo habla: digestiones pesadas, gases, dolor abdominal y otras molestias que suelen tomarse como normales, pero que en realidad son manifestaciones del cuerpo indicándote que has comido alimentos que no eran aptos para ti y que, al ignorar estas señales de manera habitual, podrían causar inflamación crónica o enfermedades más graves. También pueden presentarse cambios en la piel, dolores de cabeza, alteraciones en la energía cerebral y física, hambre o ansiedad poco después de comer, y cambios desfavorables en el tránsito intestinal...
También habla cuando algo te sienta bien: energía estable, piel más sana, claridad mental, mejor descanso y una mayor sensación de vitalidad.
Un matiz relevante: lo anterior no solamente significa que determinado alimento te pueda sentar mal por sí mismo. En algunas personas, dichas manifestaciones también pueden estar relacionadas con la cantidad o composición de una comida, los horarios de ingesta, alteraciones de la microbiota intestinal, posible presencia de parásitos, determinadas condiciones digestivas, la influencia del estrés y del estado emocional sobre la digestión, o incluso con consumir, fuera de nuestro lugar de origen, alimentos propios de otras regiones o que no corresponden a su estacionalidad habitual, entre otros factores.
Atender estas señales y observar qué alimentos has normalizado consumir y que quizá te estén afectando podría contribuir significativamente a que te sientas realmente sano/a y a gusto en tu propio cuerpo. Quizás necesites disminuir las cantidades, evitar determinadas comidas o buscar orientación, idealmente con algún profesional de la medicina funcional o integrativa, para comprender mejor estas respuestas y tomar decisiones más acertadas sobre tu alimentación y la de tu familia.
Lo que viene a continuación puede beneficiarte a ti, a tu familia y a tus seres queridos. Por favor, lee con atención.
Algunos alimentos contienen compuestos naturales que pueden reducir la absorción de ciertos nutrientes al hacer ciertas combinaciones, o resultar perjudiciales según su concentración, su preparación y la cantidad consumida.
Por ejemplo, los fitatos presentes en las legumbres pueden reducir la absorción de minerales como el hierro, y dificultar la digestión de las proteínas provenientes de la carne o de otras fuentes animales. Algunas lectinas, especialmente las presentes en legumbres crudas o insuficientemente cocidas, pueden interferir con la función intestinal y provocar molestias o intoxicación. Por ello, si se van a consumir este tipo de alimentos, es importante prestar atención a las combinaciones que se incluyen en cada plato y procurar que las legumbres hayan sido previamente fermentadas o germinadas y, finalmente, muy bien cocinadas.
Por otra parte, se ha observado que combinar judías verdes con ostras, que son ricas en zinc, reduce la absorción de este mineral tan importante para el funcionamiento del sistema inmunitario, la síntesis de proteínas, la cicatrización o reparación de tejidos y el correcto funcionamiento cerebral. Algo similar puede ocurrir con otras combinaciones, dependiendo de los compuestos presentes, sus proporciones y la composición general de la comida.
Ciertamente, las legumbres y otros alimentos aportan algunos nutrientes beneficiosos, como proteínas, fibra (que algunos no toleran bien), vitaminas y minerales. Sin embargo, es necesario saber que contienen estos compuestos naturales considerados antinutrientes y valorar seriamente los beneficios frente a los riesgos antes de elegirlos y de comerlos.
La linaza, por ejemplo, aunque aporta omega-3, también contiene glucósidos cianogénicos capaces de liberar cianuro, un compuesto potencialmente dañino cuya exposición debe mantenerse dentro de límites seguros. Aunque la cantidad de cianuro que puede liberarse depende, entre otros factores, de la cantidad de linaza consumida y de su procesamiento, no es un alimento indispensable ni es necesario consumirlo habitualmente o en grandes cantidades para llevar una alimentación saludable.
La soja contiene isoflavonas con actividad estrogénica, capaces de interactuar con los receptores de estrógeno del organismo humano. Sus efectos dependen, entre otros factores, de la dosis y del contexto fisiológico. Sin embargo, debido a su capacidad para interactuar con las vías hormonales, es importante considerar sus posibles efectos adversos sobre el ciclo ovulomenstrual, así como durante el embarazo y el desarrollo fetal, tanto masculino como femenino. Esto es importante tenerlo en cuenta no solo en adultos, sino también en niñas y niños.
Por su parte, el apio y algunos cítricos contienen compuestos que pueden provocar reacciones en la piel, tanto al consumirlos en cantidades concentradas como cuando entran en contacto con ella y, posteriormente, hay exposición a la luz ultravioleta. Este fenómeno se conoce como fitofotodermatitis, una reacción inflamatoria de la piel que puede provocar enrojecimiento, ardor, ampollas y manchas oscuras. Entre los desencadenantes se encuentran la lima, el limón, el apio y otras plantas que contienen furanocumarinas.
Las solanáceas, como el tomate, la berenjena, los ajíes, los chiles y los pimentones, también contienen nutrientes y antinutrientes cuya relevancia depende de la sustancia, la cantidad, la preparación y el contexto de consumo. Por ejemplo, retirar la piel y las semillas del tomate puede mejorar su tolerancia digestiva en algunas personas y reducir la exposición a ciertos compuestos presentes en esas partes. Sin embargo, hay personas que presentan reacciones en la piel, inflamación u otras manifestaciones al consumir este alimento en altas cantidades incluso sin piel ni semillas.
Debido a los riesgos para la salud asociados a los antinutrientes mencionados y a otros presentes en muchos alimentos que hemos normalizado consumir, y que en diversas personas pueden causar efectos adversos incluso sin que estas los identifiquen claramente, conviene saber que dichos alimentos no son indispensables para llevar una nutrición completa. Existen otras fuentes de alimentos densos en nutrientes y potencialmente más compatibles con las necesidades del organismo humano, como las distintas fuentes de proteínas animales, especialmente las provenientes de sistemas de producción grass-fed.
De la misma manera, las hojas verdes son apreciadas por su contenido de magnesio, agua, fibra y antioxidantes, como la luteína y el betacaroteno, presentes, por ejemplo, en la espinaca, la col rizada (kale) y las acelgas. Sin embargo, también contienen oxalatos, otro tipo de antinutriente abundante en las espinacas y presente también en las acelgas y las hojas de remolacha. Estos compuestos pueden contribuir a la formación de cálculos renales y, en determinadas circunstancias, causar daño renal. Su tolerancia y sus efectos varían según la persona y el contexto.
Respecto a las cáscaras y a las semillas
Hoy en día, cada vez es más habitual consumir las cáscaras y las semillas de los alimentos para aprovechar al máximo sus nutrientes y evitar desperdicios. Aunque esta intención es valiosa, especialmente para el ecosistema, es necesario tener presente que aprovecharlo todo no siempre significa que sea lo más adecuado para nuestro organismo. Ante esto, existen otras maneras de contribuir al cuidado del ecosistema aprovechando los residuos orgánicos como materia prima para elaborar compost, sin poner en riesgo nuestra salud.
Diferentes cáscaras y semillas concentran compuestos ya mencionados anteriormente, como los oxalatos, cuyos cristales, además de contribuir a la formación de cálculos renales, pueden causar irritación en la piel y las mucosas. Y, los fitatos, que conviene tener en cuenta por su capacidad para reducir la disponibilidad o la absorción de determinados minerales. También es importante considerar los riesgos asociados al consumo de alimentos crudos o insuficientemente lavados, incluida la exposición a parásitos.
En mi caso, he optado por retirar la piel y las semillas de muchos alimentos, y he dejado de consumir hojas verdes porque descubrí que algunas, como la espinaca y otras hojas, me sentaban mal, afectando mi digestión, la salud de mi piel e incluso mi estado emocional, debido a la relación que existe entre el intestino y el cerebro a través del eje intestino-cerebro.
Ciertamente no todos los organismos reaccionan de la misma manera. Sin embargo, más allá de seguir tendencias o asumir que todo lo natural es beneficioso en cualquier cantidad, es importante conocer los alimentos, tener en cuenta algunas combinaciones, observar activamente cómo responde nuestro cuerpo y, ante todo, valorar sus beneficios y posibles riesgos, especialmente cuando forman parte de nuestra alimentación habitual y de la de los más pequeños.
Por eso, además de observar cómo responde nuestro organismo y considerar la sensibilidad individual y el contexto de consumo, es verdaderamente beneficioso comprender la composición de los alimentos, distinguir sus posibles riesgos, dejar de normalizar, ignorar o silenciar las manifestaciones adversas y evidentes que nos comunica el cuerpo y, sobre todo, empezar a asumir que no todo lo que se considera saludable a día de hoy es adecuado o conveniente comerlo.
De la misma manera, no hace falta que te obligues a seguir una rutina de ejercicio que quizá no se adapte a ti.
Siempre que priorices el desarrollo de fuerza y el cuidado de tus músculos, articulaciones, sistema óseo y capacidad cardiovascular, puedes elegir y variar entre pesas, calistenia, tabata, baile, caminatas, escalada, natación…
Lo importante es desarrollar y conservar tus capacidades físicas y, al mismo tiempo, elegir formas de movimiento que te hagan sentir lleno/a de vida y contribuyan a tu bienestar físico y mental.

Observa, comprende, elige y sostén lo que a ti te sienta bien.
No se trata de vivir siguiendo dietas o rutinas rígidas, ni de perseguir una nueva moda. En algunos momentos, una rutina de ejercicios o una pauta alimentaria específica pueden ser herramientas temporales para acompañar un objetivo concreto.
Pero el propósito final es otro: conocerte, descubrir qué te sienta bien, qué representa un riesgo para la salud, favorecer el bienestar de tu organismo único y desarrollar hábitos que puedas sostener a lo largo de tu vida.
¿A quiénes servimos en VidaPlenaSer?
A familias, niños, jóvenes y adultos que buscan comprender mejor su organismo, cuidar su salud y cultivar o recuperar la capacidad de vivir plenamente.

Tu historia de vida importa
No podemos cuidar bien aquello que todavía no hemos aprendido a comprender.
En VidaPlenaSer abordamos la salud desde la individualidad: cada persona necesita un camino propio, porque cada historia, cada organismo —con sus particularidades bioquímicas— y cada contexto de vida son diferentes.
Una alimentación cetogénica, mediterránea, paleolítica, vegetariana, vegana o cualquier otra estrategia puede ser una excelente herramienta cuando responde a las necesidades y al momento de la persona adecuada. La confusión y, a veces, la falta de resultados aparecen cuando insistimos en convertir una estrategia en una solución universal.
Por eso, antes de hablar de alimentación, hábitos, ejercicio o suplementos, buscamos comprender qué ha influido en la salud de cada persona y qué condiciones necesita para recuperar, poco a poco, su capacidad de expresar bienestar.
No buscamos que adaptes tu vida a una fórmula o solución universal. Nuestro enfoque se basa en ayudarte a comprender los principios que favorecen la biología del cuerpo humano y aprender a adaptarlos a tu propia realidad.
Entre esos principios
- Alimentarse principalmente de alimentos reales, poco o nada procesados.
- Dormir lo suficiente y con calidad
- Mover el cuerpo con constancia
- Respetar los ritmos circadianos
- Favorecer una adecuada respuesta al estrés
- Cultivar vínculos saludables
- Mantener contacto con la naturaleza
- Desarrollar los dones, talentos y proyectos que dan mayor sentido a nuestra vida
- Comprender el propio organismo
Queremos que quien llegue acá sienta que encontró un lugar donde la salud se explica con claridad, sencillez y respeto. Un lugar donde no necesita sentirse culpable por no hacerlo todo perfecto.


Cita de Carl Jung
«En la sencillez y la belleza está la verdad.»
Esta reflexión de Jung también refleja nuestra manera de abordar la salud: no se trata de seguir soluciones universales, sino de comprender y llevar a la práctica principios universales y sencillos que respetan la biología humana, teniendo en cuenta que cada persona, su historia y su contexto son únicos.
